Textos
Escribir bien es fácil, un oficio que conoces bien. Sabes construir un texto, manejar el ritmo, elegir las palabras, sostener una idea, emocionar. Por eso es tan fácil girar, poco a poco, hacia lo que quieren leer los demás. Ni siquiera es una decisión consciente: simplemente empiezas a ajustar, a suavizar, a ordenar… y sin darte cuenta te alejas de lo que querías decir.
Es tan tentador escribir desde ahí, desde la seguridad de que va a funcionar, de que habrá elogio y no habrá críticas. Es humano. Pero también es el momento en el que dejas de escribir de verdad.
Porque lo tuyo aparece cuando algo incomoda un poco. Cuando no estás seguro de si está bien. Cuando hay una frase que no es perfecta, pero es honesta, y decides no tocarla.
Cuando te acostumbras a escribir para los demás, escribir sin pensar en ellos da miedoporque ya no controlas el resultado. Ya no sabes si gustará. Es probable que elijas —casi sin darte cuenta— seguir escribiendo bien.
Y así, sin querer, acabas convirtiendo tu don en una tarea ordinaria.
Cuando te des cuenta, tendrás que decidir si quieres seguir escribiendo bien,
o arriesgarte a escribir desde dentro.