Silencio

El tenedor perdió el equilibrio entre sus dedos, provocando un sonido frío. De nuevo el estómago. De nuevo sin aire. La mirada perdida entre el cubierto y el plato.

No llegues tarde. Contesta cuando te hablen. No pongas esa cara. Estudia. No seas desagradecida. Sonríe un poco. No exageres. Responde al mensaje. No te encierres. Explícate. No seas difícil. Agradece. Compórtate.

Esta vez, una gota cayó de sus ojos, vertical.

Y la madre, que ni entendía ni sabía, vio. Levantó la mano y lanzó un hechizo:

—A ver, ¿quién sabe qué es lo único que, si lo nombras, deja de existir?

Compartir