Buenos hábitos en vacaciones

Cuando estoy de vacaciones aprovecho para afianzar los hábitos que se me resisten en las prisas del resto del año. No me levanto a las mil, no me abandono a la pereza ni me lanzo a toda la comida (y bebida) prohibida en la rutina diaria. Cuando veraneaba así, y fuera donde fuera, todo era poco, el regreso era terrible. Además, sentía que había desaprovechado las vacaciones.

Desde hace unos años el verano se ha convertido en el rey de los buenos hábitos. Soy más consciente de lo que hago y me dejo llevar menos por las prisas. Esté donde esté, aprovecho para pasear, descansar lo justo, leer, jugar o comer más sano. Mantengo nuevas rutinas para que perduren en otoño, en invierno, en primavera… .

Cuando regreso al día a día no estoy llena de buenos propósitos, sino de buenos hábitos. Algunos se caerán por el camino, pero otros no. Imagino lo duro que debe de ser regresar de las vacaciones, con kilos de más, con sueño descompensado, llena de “tengo que…”, habiendo vivido como si todo el monte fuera orégano.

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