Cocinar fuera de casa

De los 365 días que tiene el año, estamos fuera de casa más de 100 días. Nos encanta viajar a nuestra manera, viviendo en el destino que elegimos, no como turistas con tiempo limitado, sino como locales que tienen un largo fin de semana por delante. Desde hace unos años viajamos con AirBnB y siempre llamamos casa al lugar en el que nos alojamos. Estemos donde estemos, vamos a casa al final del día.

Si comer es importante, cuando viajas así siendo familia numerosa, quizá lo sea más. Si estás turisteando puedes comer cualquier cosa, en una semana o dos a lo sumo regresas a tu rutina y a tu cocina saludable. En nuestro caso intentamos que no haya diferencia, y aquí viene el quid de la cuestión.

Es difícil encontrar productos frescos en Inglaterra. Casi imposible a buen precio. El pescado en Francia es carísimo. Portugal es lo más parecido a nuestra gastronomía, pero en Viena la fruta es un delicatessen. Y en México encontramos al por mayor lo que en España es una rareza, pero no hay quien encuentre un sencillo manojo de espinacas.

El supermercado es diferente en cada país, y hacer la compra como si vivieras allí, pero con las recetas de tu país, es un reto divertido que solo se supera con creatividad y adaptación.

Hay productos que siempre viajan con nosotros, allá donde vayamos. Siempre llevamos un depurador de agua, para poder beber del grifo de cualquier ciudad. También llevamos fruta, nueces, avellanas, almendras, legumbres y vino. Preparamos nuestro bizcocho casero para no fundir la tarjeta en los invasivos pasillos dulces y precocinados que hay en todos los supermercados.

Mantenemos nuestra gastronomía, y aunque intentemos adaptarnos, no hay forma de evitar el jet lag que nos produce el horario anglosajón. Hay días que desayunamos a las once, cuando ellos están poniendo la mesa para comer. En cada país y ciudad a los que viajamos exploramos sus sabores, sus productos. A veces comemos fuera, y entonces sí nos entregamos con los ojos cerrados y el estómago vacío, a las delicias de la carta. Viajamos como si fuera parte de nuestra vida, no como si viajar fuera algo extraordinario.

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